descendimiento de la cruz




Nuestra cofradía cuenta con una de las obras escultóricas más importantes del siglo XIX en Aragón. Vamos a recordar toda la historia de este misterio desde sus orígenes hasta nuestros días. El principal promotor de la devoción de este misterio del Descendimiento de Cristo de la cruz fue el franciscano san Buenaventura en sus obras “Oficio de Pasión” y “Meditación de Jesucristo”.

A la mística franciscana anterior al concilio de Trento se añadiría la jesuística derivada, de los “ejercicios espirituales” de San Ignacio de Loyola. Llegando de esta forma a la consolidación en el siglo XVII de un drama litúrgico en la representación de la Función del Descendimiento de Cristo en la tarde del Viernes Santo. Para la representación de este acto es necesaria una imagen articulada de Cristo, centro de toda celebración.

La primera noticia documental de la realización del acto en Zaragoza por los franciscanos es la del año 1666, aunque sería anterior, por la existencia tiempo antes de la imagen del Santo Cristo de la Cama con quién se realizaba este acto, en que participaba la Hermandad de la Sangre de Cristo. En fechas posteriores a la Guerra de la Independencia sería esta Hermandad quién lo realizara en la Iglesia de Santa Isabel hasta 1870 última fecha en que se celebró en Zaragoza.

Junto a este acto litúrgico también fue difundido otro tipo de piedad mediante esculturas que representaban monumentos de la Pasión y fueron denominados “paso”, que eran portados procesionalmente por las calles de la ciudad. Conociendo noticias documentales de la existencia en el siglo XVII de pasos de una imagen.

Pero no sería hasta finales del siglo XVIII cuando la Muy Ilustre, Antiquísima y Real Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de Dios de Misericordia, decidiera hacer pasos procesionales con grupos escultóricos, acordándose en el capítulo de la Hermandad de 6 de julio de 1777 la realización del paso del Descendimiento, según proyecto del escultor Francisco Arbella por un coste de 150 libras jaquesas, desestimándose el boceto y presupuesto del escultor Francisco Mesa.
Tras la Guerra de la Independencia y la voladura del convento de San Francisco por las tropas francesas el 10 de febrero de 1809, donde la Hermandad estaba establecida, quedaron casi todos los pasos procesionales destruidos.

Trasladada la Hermandad de la Sangre de Cristo a la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, en 1813, comenzó la realización de nuevos pasos. Pero no sería hasta mediados del siglo XIX cuando se realizaría el paso del descendimiento de la Cruz por el escultor José Alegre como ahora vamos a comentar.

Concretamente es el día 19 de mayo de 1847 cuando la Hermandad de la Sangre de Cristo reunida en Capitulo general extraordinario, presidido por don Baltasar Balaguer mayordomo primero de la Hermandad, para informar que: “habiéndose conferido a los señores encargados de la iglesia la comisión de verse con el escultor José Alegre para que dijese en cuánto estaría el paso del Descendimiento de la Cruz, según el diseño presentado por él mismo de ocho figuras, y en cuántos plazos se comprometía a cobrarlos, les había contestado que lo menos que podía es en ocho mil reales de vellón, siendo de cuenta de la Hermandad la peana, cruz y escalas y que desearía cobrar según fuese concluyendo cada figura, esto es, mil reales de vellón por cada una”. Acordándose seguidamente en el Capítulo, que se hiciera el contrato con el escultor.

Presentado el boceto en la Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza el 7 de noviembre de 1847, el escultor se puso a trabajar en el paso del descendimiento, estando realizadas el 4 de mayo de 1848 cuatro figuras: Cristo, un joven sobre la Cruz, un hombre viejo sobre la Cruz y San Juan, cobrando 4.000 reales de vellón por todas ellas.

Tras este pago, la obra se iría dilatando en el tiempo sus asuntos para ser académico de mérito y su taller con obra encargada acaparaban en demasía la capacidad del artista.
Así se desprende del memorial de José Alegre leído en la Junta de la Academia de Bellas Artes de San Luis de 19 de agosto de 1848:... suplica hacer el (ejercicio) de Pensamiento en su casa por no poder desamparar el taller por la obra urgente que le está encargada...”. Esta obra no era otra que el paso del Descendimiento y la puerta baja de la Basílica del Pilar.

Después de estas cuatro figuras sería la de Nicodemo la siguiente a realizarse a las que siguieron la de la Virgen María y Santa María Magdalena.

El 8 de mayo de 1851 recibía alegre 1000 reales de vellón por la séptima figura y última figura.
José Alegre, como ya lo había hecho con el paso del Calvario, volvió a fijarse en una pintura de Pedro Pablo Rubens que se encuentra en la catedral de Amberes y que conoció por un grabado de Toribio de la Oz, que la Hermandad había encargado.

La escenificación del paso es de gran monumentalidad y complicada composición donde unas figuras van unidas a otras formando con la cruz eje central y las escaleras un conjunto piramidal, pudiéndose diferenciar dos grupos. El primero está formado por cinco figuras: en la más alto un joven, que podría ser Longinos, según los evangelios apócrifos; sobre el otro brazo de la cruz, José de Arimatea, en el centro de la escena, Cristo y sujetándolo desde abajo Nicodemo y San Juan. El segundo grupo está formado por la Virgen en actitud iconográfica de “Mater Dolorosa” y María Magdalena que asisten a la escena.
El paso, como podemos ver, no fue realizado conforme al boceto, pues una de las figuras, la octava, no llegó a realizarse. Se puede especular viendo el lienzo de Rubens, compuesto por nueve personajes, sobre cual fue la que no se llevó a cabo. Se habla de una María, aunque sería con toda probabilidad otro hombre que desde una escalera del lado de San Juan ayuda a descender a Cristo, escalera que quedó vacía. Otro detalle a tener en cuenta es la existencia de la cartelera del INRI que no figura en la obra de Rubens.

La realización de las esculturas fue en madera de pino, siendo algunas partes mínimas en peral o cerezo, superando lo logrado en los otros pasos, aunque las características estilísticas, si bien más perfeccionadas siguen teniendo los recuerdos del barroco aragonés.

La primera vez que salió el Descendimiento a la calle en la procesión del Santo Entierro de 1848 fue incompleto formado por las cuatro figuras antes comentadas. Las imágenes únicamente estaban estucadas y policromadas con colores lisos. En años sucesivos se iría completando, hasta ser en la Semana Santa de 1851 cuando este salió completo con las siete figuras que ahora lo forman.

El paso estaba colocado sobre un tablado o plano de madera bajo el que iban las andas con los barales que portaban los terceroles a lo que en expresión popular suya denominaban ¡cargar madera!. El paso se iluminaba con faroles de hojalata y cristal con una vela interior o mechero acetileno, situados en los ángulos y las mitades de los lados que conformaban la peana.

El paso quedaba completado con un paño que situado en el suelo en primer término contenía clavos, tenazas y corona de espinas y sabanilla para descender a Cristo. No tenía greca pero sí llevaba faldas.
Para hacernos una idea de lo que era el portar este paso hay un texto ilustrativo en los recuerdos de Antonio Royo Villanova: “El progreso también ha humanizado el esfuerzo que arrastra hogaño los pasos por medio de ruedas y camiones, pero que cuando yo era chico iban a hombros de fornidos baturros, que sudaban el quilo en cumplimiento de una oferta. ¿Quién no recuerda el imponente paso del descendimiento entrando en el Mercado, en constante vaivén, flotando sobre los negros terceroles que, jadeantes y sudorosos, verdaderamente arrimaban el hombro, mientras delante, agarrando fuertemente con sus manos los extremos de las andas otro tercerol, el jefe, iba refrenando conteniendo la marcha para evitar que se estrellasen todos en una rápida revuelta ... hasta que súbitamente golpeaba las andas con el martillo que era la señal de detenerse a descansar...?”

En 1908 el Sindicato de iniciativas de Aragón convocó un concurso para la reforma de la procesión del Santo Entierro. Ganó el concurso Don Mariano Oliver Aznar y Don José Nasarre Larraga. La reforma muy polémica entre las gentes de la cultura se fue llevando progresivamente, siendo el Santo Entierro de 1913, el primero que se ajustó al proyecto de cambio, pero fue nuevamente estucado y policromado en tonalidades modernistas de moda en esa época. El peso del misterio era grande, como hemos visto, por lo que fue carrozado también en estos años.

En 1935, fecha en que se reanudaba la procesión del Santo entierro tras unos años de no efectuarse por la inseguridad política de la república, dos serán los sucesos que van a ser transcendentales para el desarrollo del paso del Descendimiento. El primero tuvo lugar la noche del 9n al 10 de abril con el intento de incendiar los pasos que allí se encontraban en el almacén, recién restaurados y preparados para participar en la procesión del Santo entierro, siendo incendiado únicamente la Entrada de Jesús en Jerusalén.: En esos momentos se encontraban los pasos que estaban carrozados por lo que el Descendimiento estuvo amenazado de arder.

Días más tarde, el 19 de abril, será más trascendental el otro suceso que comentábamos. Me refiero a la huelga de terceroles y el portero de los pasos por las asociaciones católicas que darán posteriormente con el origen de las cofradías actuales.

Será en 1940 cuando miembros de la Real Congregación de Nuestra Señora y San Luis Gonzaga se hicieran cargo del cuidado y mantenimiento de uno de los pasos propiedad de la Hermandad de la Sangre de Cristo, que ésta, donaba en usufructo mientras la cofradía existiera. La cofradía fundada con la advocación del paso usufructuado pasaba a ser filial de la Hermandad de la Sangre de Cristo.
El paso elegido fue el del Descendimiento, sin lugar a dudas, el mejor paso desde todos los puntos de vista. El motivo principal fue el carácter mariano de la asociación que lo acogía, siendo ya el último que quedaba en el que figuraba la imagen de la Virgen.

Este carácter mariano de la Congregación quedó reflejado en el nombre que adoptó: Cofradía del Descendimiento de la Cruz y Lágrimas de Nuestra Señora. La imagen de la Virgen que figura en el paso del Descendimiento, recibiría en los comienzos, la advocación de Nuestra Señora de las Lágrimas, como así lo destaca la prensa periódica de la época.

En 1944 la cofradía llevaría una reforma y restauración de todo el paso encargándose los Hermanos Albareda de todo esto. Las esculturas fueron policromadas y encarnadas nuevamente. La policromía de sus vestiduras se realizó por la técnica del estofado, lo que enriqueció las tallas.
Para la iluminación se encargaron cuatro bellísimos faroles de forja al artista renombrado Manuel Tolosa Sábado, que saldrán de su taller en la calle Cortes de Aragón y que hoy día sigue llevando. También se le añadiría una greca.

Será en 1950, cuando la cofradía incorpore un nuevo paso de su propiedad en sus desfiles procesionales, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Lágrimas. La creación de este paso va a suponer una actitud de “madrastra” hacia el paso del Descendimiento por un sector amplio de la cofradía. Son varias las razones que producen esta reacción: La primera de ellas es la propiedad del paso recién creado frente al usufructo del paso que comentamos, propiedad de la Hermandad de la Sangre de Cristo.

Esta actitud viene dada, por la prohibición por la Hermandad, de poder participar con el paso de la Virgen en la procesión del Santo Entierro; lo que provocó en su día, enfrentamiento entre ambas instituciones, siendo una de las víctimas el paso del Descendimiento. Otro factor es devocional, pues es más fácil que la devoción se incline hacia una imagen que hacia un grupo escultórico o misterio de la Pasión.

Esta actitud contra el paso del Descendimiento no impedirá que en los años finales de los cincuenta y principios de los sesenta se añada una corona en bronce con filigrana y piedras de bisutería a la imagen de la Virgen del paso del Descendimiento.

Será ya en la década de los setenta con el cambio al colegio nuevo, cuando con la creación de la procesión de las Lágrimas, realizada exclusivamente con el paso de la Virgen, padecerá un mayo olvido el paso del Descendimiento por parte de sus cofrades.

En 1974 se cambiarán los chasis de los dos pasos por encontrarse en estado lamentable. Lo mismo se hará con la iluminación.

El estado de las imágenes ya es penoso en estas fechas pues el polvo que reciben durante todo el año en el almacén de pasos y la humedad, unido a la capa de barniz sistemática que recibe todos los años, por los operarios del taller de los Hermanos Albareda, van acabando con la policromía de estas oscureciéndolas cada vez más al oxidarse los barnices.

En 1972, los pasos son trasladados de su almacén en la calle Asalto, cercano al parque Bruil, al antiguo garaje Solano. Será sobre las 4 de la tarde del 2 de abril de 1981 cuando se desplome el techo de hormigón sobre los pasos que ahí se guardaban.

Casualmente, un día antes, el paso había sido movido del lugar que había ocupado durante todo el año, por estorbar el paso para mover el de la Crucifixión. Un día más tarde, como hemos dicho, el lugar que anteriormente ocupaba, sería el más castigado por el desplome.

Nuevos problemas iban a surgir para el paso del Descendimiento, debidas a las dimensiones de este y no contar con un sistema que permitiera reducir su altura. Destruido el local de los pasos fue depositado en el ruinoso convento de San Agustín. Terminada la Semana Santa, en la que la Virgen de las Lágrimas había estrenado su paso nuevo, se devolvió la mismo, donde permaneció a la intemperie durante un año bajo un cobertizo. Su estado no podía ser más lamentable, la humedad, el polvo, las pequeñas piedras que habían impactado en las esculturas dejando marcas, los dedos rotos en algunas imágenes y el barniz que seguía aplicándose sistemáticamente sobre ellas, habían llegado a dejar totalmente opaco su color y por lo tanto, habían dejado sus formas escultóricas diluidas. En esta situación es como se expuso el día 27 de marzo de 1982 en la muestra que, por primera vez y única, tuvo lugar en la Lonja de todos los pasos de la Semana Santa de Zaragoza.

Pasada la Semana Santa, el paso no podía quedarse en la iglesia de Santa Isabel por entorpecer el culto de la misma.

El paso debía tener una solución que permitiera pasar la puerta, de menor altura, del nuevo almacén de pasos, que ya llevaba en uso desde ese mismo año. Allí, en la iglesia, tiene lugar alguna reunión de “consejeros” en la que se pueden oír ideas peregrinas. Serrar las imágenes por los pies o devolverlo a la Hermandad de la Sangre de Cristo y salir solo con el de la Virgen de las Lágrimas.

Es admitido en la Iglesia de Santiago y depositado en la capilla de San Ignacio.
Este año se establece una predicación dedicada al momento del Descendimiento y el encuentro de la Virgen con su Hijo muerto, que hace que el paso del Descendimiento cobre cierto protagonismo, así como la meditación sobre este momento de la Pasión que vamos difundiendo con nuestra cofradía por las calles de Zaragoza.

Será ya finalizada la Semana Santa de 1983 cuando se adopten las medidas necesarias para dar solución al problema que venía arrastrando.
Se desmontarán las figuras y se guardarán en el cuarto de la cofradía. El chasis se guardará en el garaje del colegio para posteriormente ser transportado a la Escuela de Formación Profesional “San Valero”, para allí aprovechar lo que pueda servir para el nuevo chasis, al que se le instala un sistema accionado por un gato hidráulico, bombín y sirgas, que permiten el ascenso y descenso de una plataforma central, integrada por cinco de las siete figuras.

Todo esto fue realizado por el hermano cofrade Salvador Checa que desinteresadamente ofreció sus servicios y los de la Escuela de Formación Profesional “San Valero” a la cofradía.
Aprovechando esta situación, se preparó el cambio de greca, colocándole la que anteriormente había sido del paso del Ecce Homo donada por esa cofradía. Los trabajos principales de adaptación de ésta los llevo a cabo el hermano cofrade Carlos Auría Ayerbe.

Junto a las labores de la peana o carroza se procedió a la tan necesitada restauración de las esculturas. Se solicitan varios presupuestos a diversos artistas, se elige una de las tres posibilidades que el artista Francisco Rayo Lahoz presentó. Consistente en la consolidación, saneamiento de la madera, reparación de las innumerables grietas de los basamentos, reparación de descascarillados que aparecían por todas las imágenes y reposición de los dedos rotos. Una segunda fase consistió en restaurar las encarnaciones. Quedando sin recuperar la policromía de las vestiduras de las imágenes.
Como la economía de la cofradía no era suficiente para hacer frente a estos gastos, se hizo una derrama, que no fue correspondida como se esperaba, por un sector de la cofradía, a pesar de estar aprobada en capítulo...

Todas estas reparaciones y otras de menor importancia recuperaron el expendedor que el paso merecía tener, permitiendo por fin en 1985, así como guardarlo en el almacén de paso.
Será ya 1996, cuando el paso vuelve a tener una nueva restauración. Esta vez afectará igualmente a las mismas partes anteriormente comentadas. Se retoca y perfecciona el sistema hidráulico en los talleres de Santiago Gracia Dobón. Se realiza una nueva greca con las características de la anterior, realizada por los talleres Juste. El aspecto más importante fue de nuevo la restauración de las esculturas, se recupera la policromía de las vestiduras, fase que no se pudo hacer por problemas económicos en la restauración de 1985. Esta semana Santa pudimos ver el rico estofado que escondía el polvo y los barnices que había acumulado a lo largo del tiempo. Igualmente se retocó todo aquello que en los diez años anteriores había sufrido desperfectos. El artista encargado de esta tarea fue Ignacio Laviña en su taller de Perdiguera.
Como ya hemos diño al principio, nuestro paso, siempre ensalzado en la prensa zaragozana de todas las épocas, como el mejor y más monumental de la Semana Santa, cumplió, en 1998, ciento cincuenta años de existencia desde que saliera del taller de José Alegre en la calle señales. Ahora, en estos momentos está en el mejor estado de conservación de sus ciento cincuenta años, habrá que corresponder con los cuidados pertinentes para que esto dure.


 Si quieres ponerte en contacto con nuestra cofradía: info@cofradiadescendimiento.es